Prado del Rey

Siendo una de las Nuevas Poblaciones fundadas por Carlos III en 1768, destaca por su planeamiento urbano singular, único en la zona; las salinas de origen fenicio de Iptuc, o su tradición marroquinera y apicultura.

Prado del Rey es uno de los escasos ejemplos de urbanismo ilustrado del siglo XVIII en Andalucía. Fue fundada en 1768 por orden de Carlos III como parte del proyecto de Nuevas Poblaciones con el que la Corona intentaba repoblar zonas despobladas del sur peninsular. El arquitecto real diseñó un trazado en cuadrícula perfecta, con calles rectas que se cortan en ángulo recto y una plaza mayor rectangular al centro, un modelo completamente ajeno a la tradición urbana orgánica de los pueblos de la sierra y que hoy constituye su rasgo más singular.

El trazado ilustrado de Prado del Rey, con su cuadrícula perfecta, es en sí mismo el monumento principal del municipio, un testimonio vivo del urbanismo de la Ilustración española. La iglesia parroquial de San Juan Bautista, construida al mismo tiempo que el pueblo, es un sobrio edificio neoclásico que preside la plaza mayor. En las afueras del pueblo pueden visitarse los restos de las antiguas salinas de Iptuc, de origen fenicio, que durante siglos fueron explotadas por sucesivas civilizaciones para extraer sal de los manantiales salados del entorno.

El término municipal de Prado del Rey incluye espacios naturales de gran valor, con manchas de bosque mediterráneo bien conservadas donde conviven encinas, alcornoques, quejigos y madroños. El río Majaceite atraviesa el término y crea un corredor ripario de gran riqueza ecológica. La apicultura tradicional tiene mucha importancia en el municipio, y las colmenas instaladas en el monte producen una miel de monte de sabor intenso y complejo, reconocida como uno de los mejores productos apícolas de Andalucía.

La marroquinería artesanal es la seña de identidad productiva más reconocida de Prado del Rey. Los talleres locales elaboran bolsos, carteras, cinturones y complementos de cuero con técnicas heredadas de generación en generación, siendo la calidad de sus productos reconocida más allá de las fronteras de la provincia. La miel de monte, los embutidos ibéricos y el queso payoyo son los otros grandes productos gastronómicos del municipio, que pueden adquirirse en el mercado local y en tiendas especializadas.

Las fiestas patronales de San Juan Bautista, en junio, son las más importantes del año e incluyen feria, verbena y actos religiosos en torno a la plaza mayor ilustrada. El pueblo celebra también una Feria de Artesanía que pone en valor la tradición marroquinera local y otras artes manuales de la comarca. La apicultura tiene su propia celebración anual en forma de feria del campo, donde los productores muestran sus colmenas y sus productos a los visitantes.